antecedentes
Se puede decir de la rabia que es una respuesta humana universal en la que la persona es consciente de estar o sentirse en un estado “no placentero”. Es con mucha frecuencia una respuesta a la frustración. Fácilmente se convierte en la más dañina y perversa en sentimientos y respuestas y un alto porcentaje de gente encuentra difícil el manejarla.
La capacidad de enrabiarse y de responder de alguna manera a dicho sentimiento, se encuentra en nosotros desde el nacimiento. Hemos nacido con el potencial de sentir y expresar rabia. Ahora bien, lo que nos hace enrabiar, la forma en que nos sentimos y lo que hacemos cuando estamos enrabiados, no es igual en todos nosotros y depende de la experiencia, la vivencia, el aprendizaje de cada cual.
En muchos de nosotros aparece el miedo de sentir, de expresar sentimientos y miedo de que otras personas “tengan sentimientos hacia nosotros”, sobretodo si el sentimiento es de rabia.
Muchos de nosotros estamos lisiados emocionalmente y sólo podemos permitir que afloren los sentimientos aceptados, no sin mucho cuidado y constricción. La amplitud potencial de los sentimientos es pobre; las expresiones emocionales resultan muy superficiales o inapropiadas. Esto se hace especialmente patente en la muestra de población observada; con problemas de drogodependencia.
Son personas que han sido (y son, en muchos casos) habitantes de ambientes emocionales “enfermos”. Este es un medio ambiente en que, frecuentemente, se siente de una manera pero se actúa de otra. Existe una carencia para expresar los sentimientos directa y honestamente. Es un ambiente en el que suele existir una seria escasez de sentimientos fuertes, hasta llegar, a menudo, a un vacío emocional. Fuertes respuestas emocionales, que parecen apropiadas, son realmente superficiales; explosiones manipulativas histéricas. Esto sirve para confundir y pervertir los sentimientos verdaderos. De repente la histeria puede darle cabida a la inhibición y aún paralizar más la verdadera expresión emocional. Los pequeños problemas desencadenan en grandes discusiones y los importantes no tienen ninguna manifestación. Esto sucede especialmente con la rabia y, muchas veces, da lugar a la ausencia de cabreo y a la subsecuente mutilación de esta, entiendo que importante, área emocional.
Efectivamente empiezan a intuirse el tipo de introyectos que la persona se tragó: “Está bien que yo me cabré, pero tu no”, “Por qué no puedes ser como yo –nunca me cabreo y cuando lo hago no lo demuestro. Lo que hago es ponerme serio y retirar mi atención y afecto de ti”, “Si te cabreas sabré que no me quieres”, “Los niños buenos no se cabrean”, “Si te cabreas no te van a querer”, “Si continuas cabreándote te meterás en serios problemas”…
Parece que en el mensaje original se da lo que se conoce como actitud de doble ligadura: “No te lo guardes –no soporto que lo hagas– ¡déjalo salir! Pero cuando le des salida, te castigaré por irrespetuoso”. Este mal-si-lo-haces, mal-si-no, es lo que provoca el conflicto, gran ansiedad, problemas serios de rabia y parálisis emocional.
formas de pervertir la rabia
Las diferentes formas de pervertir la rabia, entendido como las maneras de falsear la emoción, proporcionan una reserva de fondo emocional negativo que va “envenenando” nuestro sistema y conduce a toda clase de síntomas.
Una de las formas más comunes de pervertir la rabia con la que me encuentro es el intento de sofocarla. Observo dos maneras principales de disminución del sentimiento y las respuestas potenciales como forma de deshacerse de eso.
En la primera forma la persona ni tan solo se da cuenta de que esta cabreada. Es una manera automática e inconsciente que mantiene a la persona engañada en su sentir. Parece estar diseñada para poder mantener a la persona libre de cualquier amenaza a su supuesto status o imagen de falta de cabreo; y así mantener el lugar de “niño/a bueno/a”. Frases típicas de esta forma son: “Yo nunca me enfado”, “Claro que me doy cuenta de lo que hace el otro, pero a mí no me afecta”, “No me preocupa en lo más mínimo”… En ocasiones la persona tiene incluso dificultades para nombrar la rabia.
La otra manera de disminuir la rabia sucede de manera consciente. La persona se da cuenta de que está cabreada e incluso tiene el impulso de responder airadamente pero decide reprimirlo y parece tener un interés especial en no sentir o demostrar su rabia. Pone todo el esfuerzo en no cabrearse y si no lo puede evitar se muestra mínimamente cabreado. Esta manera permite, por lo menos, darse cuenta de lo que siente aunque después haga todo lo posible para mantener la rabia a un lado. Algunas frases típicas de esta forma son: “Estoy cabreado pero me controlo e intento olvidar”, “Una ducha de agua fría y se me pasa”, “Me doy un paseo y se me olvida”, “¿Yo enfadarme? ¡No! Me río de eso”…
Otra forma de perversión de la rabia muy frecuente, también, es la que he querido denominar como “eso para luego más adelante”. Esta forma funciona sobre el principio de que si uno retarda la rabia lo suficiente, esta desaparece. Las personas que funcionan con este mecanismo retardan el sentimiento de rabia y su expresión ya sea consciente o inconscientemente y suelen tener una tendencia a posponer sus problemas, conflictos, decisiones, responsabilidades. Cree que si no desaparece la rabia, por lo menos se le presentará la oportunidad cuando sea más seguro el sentir, expresar o actuar. Estas suelen ser el tipo de personas que se van cargando, cargando… hasta el punto de explosión y de esta manera cada vez se van sintiendo más incapaces de manejar sus sentimientos de rabia. Frases típicas de esta forma podrían ser: “Si él estuviera aquí ahora, le diría lo que realmente pienso”, ¿Por qué no lo pensé antes?”, “Decidiré que decir, o hacer, cuando nos hayamos calmado”, “Tengo que aprender a decirlo desde la tranquilidad, asertivamente” (esta última es mi favorita, por la gracia que me hace cuando la oigo decir).
La deflexión es otra forma muy común de pervertir la rabia. Esta consiste en desviar la rabia de la dirección con la que estamos cabreados hacia otra dirección más segura o menos amenazante. Suelen ser personas que acumulan y cuando sucede la descarga, si es que sucede, parece que se descarguen de toda la rabia de su vida.
Otros, por el contrario, utilizan como forma favorita de perversión la retroflexión, dirigiendo la rabia hacia ellos mismos y cargándose de autorresentimiento o sufriendo depresiones. Son mecanismos, a mi entender, muy destructivos en los cuales el intento principal es el de dirigir la rabia en la dirección menos amenazante.
Frecuente es encontrarse con la racionalización, como otra forma de perversión. Se siente rabia pero se diluye inmediatamente en un intento por anularla. Son personas que utilizan cualquier forma de racionalización intelectual y todo el esfuerzo se concentra en probar a los demás y a sí mismo, que no está cabreado. Frases típicas de este modo son: “La gente civilizada no se enfada, la cabeza es la que controla”, “Me pongo ha hacer otra cosa y la rabia desaparece”, “No grites, que se va ha enterar todo el mundo”, “¿Quién está enfadado?… yo no”, “Parece que estoy enfadado, pero no es verdad”…
En estas personas se observa una tendencia a mantener como sea la imagen de “niño bueno” capaz de perdonarlo todo.
La utilización de las diferentes formas de perversión casi nunca suele ser exclusiva, es decir, siempre hay una combinación de ellas. La persona no utiliza una sola forma, las combina y en esta combinación aparece otra forma que, bajo mi punto de vista es la más “enferma”, la indiferencia. La indiferencia no afecta solo al sentimiento de rabia sino que suele afectar a todo el sistema emocional. El ignorar es como un separarse de uno mismo, una manera de congelar la emoción, eliminarla, y al ser eliminada somos destructivos con nosotros mismos. La emoción impulsa a la acción y sin ella no hay relación con lo cual con la indiferencia estamos eliminando también la relación, hacia adentro y hacia fuera, conmigo y con el mundo.
acerca de la agresión
Frederick S. Perls dice acerca de la agresión: ( )…la agresión tiene un doble propósito: primero, des-estructurar cualquier enemigo amenazante; y segundo, en una agresión expansible, des-estructurar la sustancia que es necesaria para el crecimiento, para hacerla asimilable…( ) Así la agresión se presenta como necesaria para la subsistencia y el crecimiento.
Sigue diciendo: ( )…encontramos agresión destructiva en la irritabilidad, en la retirada y en la autorrepresión… ( ) …el mayor obstáculo para la reorganización de la agresión es el miedo a herir o ser herido…( ) …este miedo en su mayor parte, no es más que autoengaño, porque, aunque la persona inhibe su acción o escotomiza sus deseos de herir directamente, siempre lo hace indirectamente… ( )…lo que causa el sufrimiento no es el conflicto y la agresión que nos lleva a un cierre de la situación sino que es evitar traer la lucha a un terreno abierto y a ventilar el asunto…( ) …si evitamos agredir sentiremos, en cambio, resentimiento y culpa...( ) …no es la agresión en sí la que es buena o mala, sino que es nuestro malestar o incomodidad el que provoca nuestra agresión…( )
Teniendo todo esto en cuenta me encuentro que la persona desarrolla innumerables formas de agredir y, sobretodo autoagredirse, en un intento, consciente o inconsciente, de restablecer cualquier situación.
En el perfil de persona escogido para realizar este trabajo (drogodependiente) la forma más evidente y autodestructiva de agresión es la anestesia de cualquier manifestación emocional de malestar a través del consumo de sustancias de una manera compulsiva hasta llegar a la adicción y la paradoja es que acaban dependiendo de la sustancia para sentir, en este caso un bienestar que no se acaba de dar ni con la sustancia ni sin ella, y viven justamente en lo que intentan evitar, un continuo estado de malestar y dependencia. En referencia a la rabia, casi la totalidad de estas personas no son conscientes de su sentimiento profundo de cabreo y confunden la rabia con falta de amor. Suelen ser personas particularmente iracundas y con altos niveles de angustia que intentan sentirse más cómodas consigo mismas pero no lo consiguen y de esta forma se perpetua el círculo vicioso.
En esta línea de autoagresión encuentro que también son personas “consumidoras de depresiones”. Manifiestan altos grados de ansiedad y a partir de esta se ocasionan innumerables síntomas de desorden emocional: depresiones, obsesiones, preocupaciones irracionales, fobias, insomnio, etc… Estos síntomas son un intento de mitigar la ansiedad pero ellos mismos son de carácter altamente destructivos y también producen ansiedad con lo cual siguen viviendo en un “circulo vicioso”.
Las depresiones pueden ser de diferentes tipos y puede ser destructiva hasta el grado de parálisis. Una depresión continua necesita de un fondo negativo que la alimente y se puede producir de dirigir la rabia contra uno mismo.
En muchísimos casos aparece la culpa también como una manera de autoagresión y fuente de la depresión.
Hasta aquí he intentado nombrar algunas de las formas de autoagresión que me parecen más significativas o importantes por lo que tienen de autodestructivas.
Pero hay otras formas que también se hacen muy evidentes y que tienen que ver con la agresión hacia fuera. Son formas que parecen ser más sutiles y de las cuales casi nunca la persona es consciente. Estas tienen que ver con, por ejemplo, pedir algo, después olvidar devolverlo y cuando lo hace está dañado o en malas condiciones; el insistir en hablar cuando otra persona está hablando; llegar tarde en forma habitual o olvidar una cita; entrar y salir de las reuniones grupales esté pasando lo que esté pasando; olvidar o no hacerse cargo de una responsabilidad y como consecuencia otro se tiene que hacer cargo… etc,etc…
La lista podría ser innumerable pero este tipo de agresión de carácter más sutil es el que podría llamarse la agresión cotidiana para estar en el mundo ya que es una forma sostenida que se da continuamente y pocas veces se hace explícita.
En su grado extremo la agresión se convierte en violencia que, a mi actual entender, es la explosión del fondo emocional negativo producido por la perversión de la rabia y lo entiendo como un cortocircuito en la comunicación que va más allá de la propia supervivencia en un intento neurótico de mantener el status del propio ego. De esta manera se establecen múltiples circulos viciosos que impiden muchas posibilidades de descubrir recursos.
La violencia es la antítesis de sentimientos saludables de rabia y de sus expresiones.
En muchos casos me encuentro personas que piensan que cualquier sentimiento o muestra de rabia es el equivalente de perder el control y es un incontrolable berrinche temperamental. Lo consideran como un golpe en contra de sí mismos y como algo potencialmente peligroso.
Evidentemente esto no tiene por que ser así. Considero que una persona puede cabrearse desde una forma de simple irritación hasta una de fuerte intensidad poderosa sin por ello tener que perder el control. Cuanto más conscientes sean, es decir, cuanto más cerca y en contacto estén de lo que sienten hay menos probabilidad de perder el control. La perdida de control tendría que ver principalmente con las consecuencias de la rabia pervertida e inconsciente que no tiene nada que ver con la saludable, sin importar su intensidad, de la que se puede tener una total conciencia y posesión. Cuando uno sabe lo que siente, cuando la emoción está integrada como parte propia nos podemos mantener a cargo de nosotros mismos con todo lo que somos.
Lo saludable tendría que ver con reconocer y apropiarse de los sentimientos de rabia y esto por sí solo mitiga la perversión y la acumulación de lo negativo. El reconocimiento de la rabia junto con la libertad de expresarla da la oportunidad de decidir si uno quiere o no expresarla haciéndose cargo.
Por otra parte me encuentro también personas que justifican su rabia en un intento de encontrar justicia. Esto es muy frecuente en personas del tipo de niño/a bueno/a que empiezan a tener pequeñas incursiones en la demostración de sus cabreos.
Justicia o justificación me parecen asuntos que poco o nada tienen que ver con el asunto de la rabia. El sentir rabia y cabrearse no es correcto o incorrecto. Me parece que la persona que busca una justificación y aprobación está intentando disculpar su rabia porque no se quiere hacer cargo de ella. Si se está cabreado, se está, sin importar si el motivo es correcto o incorrecto.